Hoy por hoy
Sábado 10 de Junio de 2017

La patria es el dólar

Días atrás, Carlos Melconian, expresidente del Banco Nación y economista fiel al corte neoliberal impulsado por la gestión PRO, criticó la política económica del gobierno nacional y advirtió que "alguien va a tener que poner el culo en la silla para lograr el equilibrio macroeconómico" .
Melconian vertió estos conceptos durante una charla en el marco del 34º Congreso del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), junto a los sus pares Dante Sica y Ricardo Arriazu. Luego señaló que después de las elecciones de este año "va a haber que conseguir consensos para resolver lo que todos perciben, que es la cuestión fiscal", y que "los gobernadores jóvenes, más los funcionarios nacionales que también son jóvenes, van a tener presente que el gasto público es muy elevado, sobre todo en materia previsional, de subsidios y recursos para las provincias". En tal sentido, vaticinó muy solemnemente: "Ojo que se puede ir todo a la mierda".
En términos un poco más convencionales, Melconian reclamó un mayor ajuste para después de las elecciones para frenar el déficit. Es que, después de que trascendiera el endeudamiento récord que tomó el Estado por casi 46.000 millones de dólares y la cifra de déficit fiscal que supera las más altas de la historia, el Ejecutivo nacional deberá tomar las riendas del asunto: un ajuste presupuestario para el año próximo, tal como lo señala el manual del buen economista neoliberal.
El martes pasado, durante la reunión que Macri tuvo con sus ministros, les ordenó a todos que presenten en los próximos días un informe con los programas que se podrían eliminar para el año que viene, con el objetivo de diagramar un presupuesto de 2018 con un fuerte recorte de gastos.
En un contexto inflacionario, de paritarias enfriadísimas, con un gobierno en plan de ajuste del gasto público, donde el ministro de Hacienda se empeña en hacer entender que los aumentos salariales son la causa de la inflación y el desempleo, solo queda preguntarse ingenuamente quién pagará los ajustes. O quiénes, mediante un gran sacrificio patriótico, abrazarán fuerte la austeridad en pos de maquillar el déficit de una patria cada vez más financiera, donde la producción no es prioridad y la pregunta que no deja dormir a los pocos inversionistas es "¿lebacs o bonos dólar?"
En un país donde burlonamente se le otorga a la clase asalariada el fin del cepo y el consiguiente derecho a comprar 2 millones de dólares mensuales, la pregunta "¿quién pagará el ajuste?" tiene una respuesta clara y esperable.

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