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Domingo 23 de Julio de 2017

La Dama del Tango

Precisiones sobre la estadía de Mercedes Simone en la ciudad de Paraná. Algunos aspectos de su carrera. La mujer que conquistó mercados en épocas gardelianas

Aún perduran las memorias en antiguos cementos y ladrillería, en el aire espeso de las medias tardes de los veranos paranaenses y arroyos que alguna vez fueron cristalinos. Sí, es la memoria que pugna por sobrevivir a pesar de los deseos manifiestos (o involuntarios también) por suplantar con modernidad todo aquello que pasó. Quizás por eso la melancolía existe, por añorar lo que se repele con ansiedad de progreso.


Como el recuerdo del Estadio del Club Atlético Belgrano de nuestra ciudad, allí en calle Salta y Victoria donde supo ocupar una superficie destacada pero sobre todo transformarse en un verdadero Estadio (para la época) con construcción de tribunas de cemento, piletas, un amplio predio de fútbol y una dimensión importante.


Unos negocios desacertados dieron con el fin de aquel espacio. Fue vendido para subsanar deudas y reemplazado por las actuales construcciones que ocupan la mayoría de la manzana ya citada. Antiguos súper equipos de fútbol, renombrados cracks, festivales folclóricos y cantantes de gran raigambre ocuparon el field de la entidad.


Un día lo empezaron a romper y ya no se detuvo más. Cosas que pasan.



Mercedes Simone



La cantante Mercedes Simone había nacido en Villa Elisa (Buenos Aires) en Octubre de 1904. Lo que hoy día es una gran ciudad por aquellos años era un despoblado, una estancia donde la hija del patrón prestaba el nombre al lugar y de ahí la nominación: Villa Mercedes. En ese sitio, donde pareciera que cualquier dios se habría olvidado de todo, la realidad demostró que no era así. Porque entre arrullos y animales, entre arpegios y cultivos la voz de Mercedes daba sus primeros aportes al mundo de la música.

Por cierto que su carrera original se vio impulsada después de su matrimonio, en el cual compartía escenarios y tanguerías que iban dando a la pareja un cierto destaque en las marquesinas y espectáculos.

Eran épocas de Gardel. Mucha cosa para poder destacarse una mujer y en el mundo del tango. Pero ya lo hemos dicho otras veces, el destino está escrito y solo hay que desandarlo.

Con su voz sin forzar, sin impostura arrabalera o lacrimosas infantilidades sumadas a un repertorio ávido en aquellos años fueron construyendo su prestigio.

Si uno puede comparar su interpretación de Milonga de Arrabal de los primeros años con otras interpretaciones como Celosa por ejemplo, es notable la evolución de su timbre y de su modulación. Un deleite, por decirlo de alguna manera.

Le tocó compartir una época de oro, eso es cierto. Y otros nombres de tangueras rutilaban el firmamento del tango tales como Tita Merello, Azucena Maizani, Libertad Lamarque o Rosita Quiroga.

Sin embargo, su gran presencia y difusión era a nivel radiofónico. Su participación frecuente en Radio Nacional y en emisiones específicas iban construyendo la mitología de su figura, al punto de permitirle con el tiempo el paso a escenarios europeos donde se apreciaba su dicción perfecta y la pureza de su voz en distintas grabaciones o espectáculos presenciales.

Sin pose de rea (aclaremos de todas maneras que el que suscribe adhiere con fervor a Tita Merello) su figura en el escenario dotaba de un histrionismo especial y particular a todas sus presentaciones. Voz, presencia, carisma y belleza innata: una fórmula inatacable para el reconocimiento y éxito.

Tuvo el honor de que la historia la hiciera la tanguera en participar en la primera película sonora argentina; Tango de 1933 donde por supuesto, canta un tangazo.



La cancionista nacional en Paraná



En el verano de 1947 muchas cosas se transformaban o habían transformado en el escenario político del país. Nuevos derechos, nuevos emergentes y subsuelos que ya no podrían detenerse habían generado un ideario social prominente. Se arraigaban algunos costumbrismos y las figuras que ellos representaban eran un preciado bien artístico. Entre ellos, por cierto la de Mercedes Simone cuyas interpretaciones eran deseadas por todos los escenarios del país. Festivales o teatros recibían a estos artistas populares en la certeza de que enormes muchedumbres accedería a disfrutar de esas expresiones.


Como sucedió en diciembre de 1947, cuando el sábado 13 en pleno festival artístico la figura más destacada era nada menos que Mercedes Simone.


En los días previos, las crónicas periodísticas resaltaban justamente el evento que generaba la destacada presencia. Dice el artículo:


"La cancionista nacional Mercedes Simone reaparecerá mañana en el escenario del Club Belgrano, como figura central del programa de fiestas que para la ocasión anuncia la mencionada institución. La destacada intérprete de nuestra música popular, que goza en nuestro medio de difundidas simpatías, se pondrá nuevamente en contacto con nuestro público para ofrecer un renovado repertorio de páginas del cancionero popular, en las que halla oportunidad para lucir sus brillantes condiciones artísticas. Como es habitual en las kermesses del Club Belgrano, serán habilitadas tres pistas de baile teniendo a su cargo la animación de esta parte del programa la orquesta Estudiantina."



Un epílogo


Nuevos tiempos suceden a los antiguos. Las felicidades no son para siempre, y la voracidad de pocos siempre (inexorablemente) atenta contra la armonía y el bienestar de las débiles mayorías. El ocaso suele ser irrefrenable, los hechos se suceden unos a otros atentando incluso contra la historia misma. Nada hay que pueda detener los ocasos.

En la década del 80 aquel gran estadio del Club Belgrano, continente ineludible de músicas y pases cortos, fue demolido por la piqueta y los errores. Atrás quedaron los recuerdos y las vibraciones, esas que algunos dicen latidos y otros nunca oyen. Quién sabe si arpegios de guitarra o tangos inolvidables aún subsisten allí.

Mercedes Simone continuó su linaje interminable de éxitos y reconocimientos. Pero como una ironía cruel, como si fuera una señal divina incomprensible o quién sabe qué cosa, un día la garganta empezó a fallar. Consultas y tratamientos dieron con una operación. Algo que pasó, un error, quien sabe.

Mercedes Simone, la dama del tango, iba perdiendo gradualmente su voz. No era por cierto una alegoría sino una literalidad: iba quedándose sin su virtuosismo.

Qué cosa el destino, como siempre decimos. Mercedes Simone se quedó muda. Nunca más pudo hablar. Falleció el 2 de octubre de 1990, cuando llevaba ya 86 años de edad y 20 años sin emitir palabra.


Fuentes: Serie realizada en exclusiva para Diario UNO a partir de la documentación obrante en diferentes reservorios (Archivo General de la Nación, Biblioteca Nacional de la República Argentina, Archivo General de la Provincia de Entre Ríos, Archivo Histórico Patrimonial de Valparaíso y otros).

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