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Jueves 01 de Junio de 2017

Estudios revelan que acoso callejero es un problema de salud pública

"Realmente no me acuerdo de cuándo fui acosada por primera vez en la calle, pero sí me acuerdo de la primera vez en que lo experimenté como un acto abusivo: yo era una adolescente viajando con mi mamá en un atestado vagón del metro, donde los hombres fácilmente podían tocar a las mujeres sin que nadie se diera cuenta y con pocas posibilidades de prevenirlo".

Esta fue la experiencia de Lucía Vázquez, una investigadora en Ciudad de México. Por desgracia, su historia no es única.

Según una encuesta realizada en varios países por YouGov, la Ciudad de México ocupa el primer puesto entre 16 ciudades encuestadas en cuanto al acoso físico y verbal en el transporte público. El acoso callejero —una forma de violencia contra mujeres basada en el género— puede incluir cualquier acto o comentario cometido en un espacio público que es indeseado y amenazante y que es motivado por el sexo o género percibido de una persona.

En abril de 2016, una estudiante bonaerense Aixa Rizzo, de 20 años, publicó en Youtube un video titulado Acoso callejero: del piropo a la violación, en el que relata su experiencia de acoso de parte de un grupo de obreros que trabajaba en una construcción al frente de su casa. El video lleva más de medio millón de visitas y convirtió a Aixa en la cara visible de la lucha contra el acoso callejero en Argentina, país en que, según el último estudio de la organización Acción Respeto, la población más vulnerable son las niñas y adolescentes: 38,2 por ciento de las mujeres fueron acosadas antes de los trece años y otro 38,2 por ciento entre los trece y los quince.

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Todavía hay mucho que aprender sobre cómo el acoso y sentirse inseguras en espacios públicos afecta al bienestar de mujeres y niñas —un tema en el cual centro mi investigación doctoral en la Escuela de Política Social y Prácticas de la Universidad de Pennsylvania— pero la escala global de estas experiencias es preocupante. Los estudios que han documentado el acoso callejero en más de 35 países muestran que éste podría tener efectos extendidos en la salud a lo largo del mundo.

La investigación

Uno de los estudios más recientes sobre este tema tenía el propósito de entender la extensión del acoso callejero y su impacto en las mujeres, niñas y comunidades en la Ciudad de México. Todas las mujeres en este estudio experimentaron violencia de la pareja, lo cual fue un prerrequisito para ser parte de la investigación.

"Cuando estaba creciendo, aprendí a fingir una llamada a mis padres para sentirme más segura y evitar el acoso. Aprendí a no ponerme la ropa que yo quería, sino la ropa que me hizo sentirme 'segura'. Aprendí a tomar desvíos rápidos durante mi viaje diario. Y aprendí a soportar la impotencia que sentía cuando me acosaban", dijo Paola Abril Campos, oriunda de la Ciudad de México y estudiante doctoral en la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de la Universidad Harvard.

Las experiencias de Abril Campos la motivaron a conducir un estudio sobre el acoso callejero que fue publicado este enero en Salud Pública de México, una revista publicada por el Instituto Nacional de Salud Pública de México.

En este estudio, Campos y sus colegas encuestaron a 952 mujeres que estaban buscando atención sanitaria en las clínicas de salud comunitaria de la Ciudad de México. Un 62.8% de las mujeres reportó que habían experimentado por lo menos una forma de acoso callejero sólo en el último mes. En una de cada cuatro mujeres (26.8%), ese abuso fue físico.

El estudio encontró que el acoso (o el medio del mismo) tenía impactos negativos en las rutinas diarias de estas mujeres. Casi un 70% reportó algún tipo de perturbación en cuanto a su movilidad, entre ellas faltar a los empleos o a la escuela, llegar tarde a los mismos o tener que cambiar de estos. "Los costos y consecuencias del acoso sexual en las vidas de las mujeres se han mantenidos invisibles", dice Abril Campos.

El estudio también encontró que el acoso callejero quizás disminuya el sentido de conexión y confianza en la comunidad que tienen las mujeres. El aislamiento social de la comunidad de uno puede tener implicaciones a largo plazo con respecto al bienestar y puede conducir a la enfermedad crónica y a la mala salud mental. Por lo tanto, el acoso callejero quizás contribuya a estas otras preocupaciones de salud pública.

Para las mujeres en este estudio que también fueron víctimas de la violencia de pareja, la violencia es una amenaza privada y pública. "Se necesitan intervenciones abarcadoras para asegurar la seguridad de mujeres y niñas tanto en entornos públicos como en espacios privados", explicó Jhumka Gupta, profesora de Salud Global y Comunitaria en la Universidad George Mason y una autora sénior del estudio.

Soluciones emergentes
Recientemente se creó Observatorio Contra el Acoso de Argentina, con el objetivo de trabajar en la visibilización, prevención, investigación, asesoramiento y erradicación de todas las formas de hostigamiento hacia las mujeres en cada uno de los ámbitos en los cuales desarrollan su vida. Se trata de un complemento de la ley que sancionó la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires en diciembre del año pasado que prevé como penas a quienes hostiguen a mujeres cursos de capacitación en violencia de género o una multa económica de 1.000 pesos.



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