Boxeo
Lunes 26 de Junio de 2017

Don Lorenzo Salas, el bravo entrerriano

Apuntes a la historia de vida de don Lorenzo Salas, un emergente del boxeo. Militante, activista y boxeador.

Hay como imaginarios en las personas. Y también sobre las personas. Como pasa con los trabajadores, los empresarios, los estudiantes. A veces son buenos y a veces son erróneos, esquivos y desacertados. Como lo que suele opinarse de la disciplina del boxeo bajo la superficial opinión de denominar al mismo como "deporte de los puños". Como si alguien dijera el "deporte de las gambetas", el "deporte de los aros" o el "deporte de los trajes de baño".
El boxeo representa mucho más que un par de puños, sopapos indiscriminados o narices con sangre. Ha sido y es un refugio, una disciplina y una contención para personas que (sin este rigor que el deporte suele aportar) quizás hubieran desesperado la evolución de sus vidas.
Claro que no es nuestro deseo realizar una apología del box. Pero sí contar de un emergente de la actividad, que sin dudas puede resaltar como un ícono de ser y hacer.

Donde el barrio no se deja
Don Lorenzo Salas había nacido hacia los años 30, y desarrollado sus jóvenes años vinculado al trabajo y la emergencia. Entendamos esto, no hablamos de la urgencia sino de las posibilidades, del deseo de superación, de las ansias por surgir y luchar por los anhelos. Eso es un emergente, y esa es la meta de la movilidad social ascendente. Ahí, en ese entorno de trabajo y empeños el joven Lorenzo Salas encontraba dos pasiones que harían de su vida un destino: el boxeo y el peronismo.
Decimos esto porque a veces los caminos se bifurcan, otras se repelen. Pero en este caso (agrego: por ventura) fueron paralelos. Los jóvenes años del justicialismo (en la década del 40) coincidían con la plenitud de su vida deportiva.
Don Lorenzo tenía una impronta en su estilo y eso lo hacía destacado y apreciado en su arte: era un esgrimista del ring. La vida le reconocería esa virtud hasta siempre, porque no tenía en su rostro señal alguna de golpes o lastimaduras.
Algunos nombres pasaron por su palmarés dejando el estigma del buen boxeo como Héctor Olivieri, Demetrio Fleitas, Julio Ocampo. El misticismo del Luna Park no le era ajeno, paseó sus esquives por esas lonas también.
El ocaso de las multitudes y el advenimiento de las bestias en el 55 quizás hayan promocionado también su retiro allá por el año 1956. Dejaba un registro de 128 peleas como amateur, peleas memorables y una técnica (al menos en nuestros pagos) inusual. No era la suya una categoría fácil ni mucho menos, baste solo recordar que el firmamento de los welters y de los ligeros de aquellos años lo ocupaban José María Gatica, Alfredo Prada y hasta un importado como el panameño (luego nacionalizado) Luis Federico Thompson.

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La Gran batalla
Justamente de este panameño en nuestra ciudad y frente a Lorenzo Salas hemos hablado ya. En la edición del día 22 de setiembre de 2013, desde el diario UNO decíamos: "El caso es que rondando la pelea número 25 aquel joven importado estaba muy cerca de retemplar su espíritu, cuando cercana la Navidad de 1953 se aprestaba a cruzar el río en la balsa que hacía el trayecto de Santa Fe a Paraná. Era ya el mediodía del 22 de diciembre cuando las costas santafesinas quedaban atrás y el Puerto de Paraná recibía aquel hombre de ébano y estilo, dispuesto a seguir enfrentando las vicisitudes del destino y las esquinas de los cuadriláteros.
En Paraná todo se había dispuesto para la realización de aquel festival de boxeo, donde una figura con el renombre del panameño enfrentaría a un púgil local llamado Lorenzo Salas, en pelea de 10 rounds.
Federico se movía entre los medios deportivos con los modales de un gentleman, la elasticidad de felino y la gracia de un modelo masculino. Entrador y simpático como la mayoría de los centroamericanos, se notaba ya que había adaptado su físico y su temperamento a un país tan diferente del suyo".
Es justo, como las competencias y las contiendas, que ambos contendientes tengan sus registros. Y un poco por eso también es que la nota de hoy menciona entonces al campeón local: don Lorenzo Salas. La pelea tuvo un desenlace en el cuarto round, cuando el exceso cualitativo de Thompson impidió la hazaña de don Lorenzo.

Cosas del retiro y anécdotas
Don Lorenzo Salas dejó el ring pero no el boxeo. Hizo lo que un hombre bueno debe hacer y se dedicó a enseñar la técnica y el arte. Nunca cobró por eso, siendo quizás la mayor de sus satisfacciones el afecto y los reconocimientos sin estridencias.
El combatiente nunca se retira sino que cambia de trinchera. Aquellos días de golpes y esquives habían quedado alejados, pero ponía el pecho y sus vigores en Consejos de Unidades Básicas, en el gremio de los trabajadores de Vialidad y hasta en Cáritas.
El tiempo suele hacer ese malevo trabajo del olvido. Y por eso, solo proponemos el ejercicio de cerrar los ojos e imaginar aquellos años de poco estruendo y muchas voces, al menos como una forma de contrarrestar el adiós. Convengamos, si, que es difícil imaginar a Luis Federico Thompson y Lorenzo Salas dando pasos de baile sobre un ring.
Pero por eso, para que la memoria no sea egoísta y alimente el anhelo de los recuerdos, una cosa que quedó pendiente. Dicen que en el Luna Park, mientras Lorenzo Salas terminaba el fragor de una pelea áspera y exigente, dos personas se acercan desde el ring side. Un general rectilíneo y una bella dama rubia de nombre Eva lo saludan, admirados de su estilo y su fortaleza.
La dama, afectuosamente, lo abrazó y lo besó. El general le dijo: "Muy valiente entrerriano". De la anécdota esta yo no me olvidaré más. Don Lorenzo Salas, el campeón, tampoco

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