Hoy por hoy
Sábado 12 de Agosto de 2017

Conceptos (no tan) universales







Luciana Actis

De la Redacción de UNO

lactis@uno.com.ar


En el documental The Pervert's Guide To Ideology (que podría traducirse como "manual de ideología para el pervertido") el filósofo esloveno Slavoj Zizek reflexiona sobre el filme La naranja mecánica (1971) de Stanley Kubrick y examina el uso icónico de la Novena Sinfonía de Ludwig Van Beethoven en relación con la filosofía en la cabeza del perverso personaje Alex DeLarge (Malcolm McDowell), y también sentencia su "capacidad de adaptación universal" a lo largo de la historia.
Zizek dice que la obra de Beethoven "puede ser utilizada por movimientos políticos que se oponían por completo el uno al otro" y apunta el uso de la composición en la Alemania nazi, en China durante la Revolución Cultural, y también en Rusia como una canción comunista.
La variedad de posibles utilidades que ofrece la Novena de Beethoven, dibuja según Zizek "un perversa escena de la fraternidad universal", contrario a lo que esperaba el compositor alemán cuando la estrenó en Viena, allá por 1824.
En este sentido, señala que es interesante ver cómo las obras de arte y, en particular, la música y los himnos, suelen ser utilizados como símbolos políticos. Hilando un poco más fino, se puede observar también cómo ciertos conceptos supuestamente "universales" son adaptados según la conveniencia de los poderes hegemónicos.
Conceptos como "libertad", "justicia", "democracia" son maleables de acuerdo a los intereses de las minorías ricas, cuyo pensamiento extienden –a través de los medios– a gran parte de la población sin conciencia de clase. Es sabido que cuando se nombra alguno de estos sacrosantos conceptos, nadie puede oponerse. Así, la maquinaria doctrinaria se pone en marcha para calificar de opresivos, injustos y dictatoriales a gobiernos que no se ajustan a sus intereses.
Es, entonces, irónico cuando la gestión Trump habla de un gobierno "ilegítimo" en Venezuela; pero no se pronuncia sobre los gobiernos ilegítimos que el país del norte impulsó en Honduras, Paraguay y Brasil a través de denominados golpes blandos.
Actualmente EE.UU. promueve en Venezuela el debilitamiento gubernamental, todo bajo una irreal condición de legalidad, en nombre de la democracia.
Es aún más irónico que el país del Tío Sam se erija en adalid de la democracia, cuando todo indica que dejó de serlo hace ya mucho tiempo, o que su democracia es deficiente y cada vez está más influenciada por una minoría pudiente. Un ejemplo son las respuestas de los gobiernos de los presidentes George W. Bush y Barack Obama frente a la recesión: las instituciones financieras pudieron en gran medida evadir responsabilidades, mientras que la clase media y los pobres no han podido recuperar el terreno perdido.
Hablamos de un país donde los responsables de la recesión son rescatados y el pueblo es sacrificado en pos del bienestar del sector financiero, un país donde la única libertad que prima es la libertad de mercado; sin embargo tiene la osadía de hegemonizar la vara democrática para medir a los demás países.
Por todo esto, en el escenario político actual, democracia, libertad y justicia son notas de una sinfonía grandilocuente, pero el acento, la altura y el ritmo son marcados por la clase que ostenta la batuta.

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