Educación
Domingo 19 de Marzo de 2017

Con fuerza de voluntad y entusiasmo por progresar

Miles de jóvenes y adultos desandan cada año el difícil y arduo, gratificante y alentador desafío personal de completar estudios. Un conmovedor volver a empezar, en una lucha para que la vida les de otra oportunidad

Resulta poco común, casi extraño en el contexto que vivimos, que estudiantes se emocionen y tengan profunda convicción en la educación, como el mayor de los valores, como verdadero motor transformador y de crecimiento personal.
Y así la aprecian, tal vez porque en cada una de sus historias personales se toparon y se golpearon con la cruda realidad laboral, social, familiar y económica que muchas veces sufren quienes por distintos motivos no pudieron, tiempo atrás, avanzar en sus estudios.
Los alumnos nocturnos, o "los nocheros" como se los suele identificar, quieren y luchan por esa otra oportunidad que le piden a la vida.
En ese lugar hace falta también mucha contención, apoyo, ayuda. Y el sistema educativo poco hace para incentivar y colaborar: allí donde suelen ser casi ignorados o condenados a las sombras de la noche, comparten preocupaciones, complicaciones, desafíos y esperanzas de superación, y tejen lazos muy fuertes y más duraderos entre compañeros, docentes y directivos.
Tan poco considerados son, que ni siquiera son contemplados como estudiantes para el transporte público; o que pese a reclamos y amparos, no pueden lograr que se instrumenten jardines que permitan a quienes tienen hijos, poder cumplimentar la tarea áulica prevista. Por ello se ven cochecitos y hasta pequeños corriendo en patios y pasillos, en horas de la noche, mientras los padres se esfuerzan por cursar sus estudios.
Estas escuelas tampoco tienen sedes propias; viven de prestado en otras escuelas.
Estas problemáticas, y tantísimas otras que se arrastran desde hace tiempo, ni siquiera están presentes en la esquelética agenda actual de discusiones entre sindicatos docentes y autoridades educativas.
Unos 40.000 jóvenes y adultos entrerrianos volvieron en estos días a desafiarse a sí mismos, convencidos que la educación es la llave que le abrirá las puertas de un futuro distinto. Sus emotivos y conmovedores relatos personales testimonian la fuerza de la voluntad y el entusiasmo por progresar.
"Primero terminé la Primaria, y luego me propuse finalizar la Secundaria. Soy ama de casa, y lo hago como una reflexión a los jóvenes que desperdician el tiempo, no lo utilizan. Yo quiero demostrar que si puedo terminar, y que los jóvenes poniendo un poco de ganas, pueden salir adelante, poniendo empeño; depende de ellos. Como padres, al menos en mi caso, yo les doy todo para que ellos puedan estudiar, cosa que yo no tuve, en mi infancia no lo tuve...", describió a UNO Fanny Ortiz Fonseca, con lágrimas en los ojos, aunque sin quebrar el relato de su historia, que cuenta con ganas.
Fanny es alumna de la escuela Nº 155 Supremo Entrerriano, que funciona por la noche en la sede de la Escuela Nº 18 Evaristo Carriego, en avenida Francisco Ramírez y Juan Báez.
Tuvo que moverse, y mucho, recuerda, para saber dónde podía terminar sus estudios. "Me mandaban de un lugar a otro", señaló, para marcar seguramente un déficit, que es la falta de información y la poca visibilidad pública de los Bachilleres para Adultos (BAPA).
"Con la educación puedo conseguir algo más, y sentirme de gran valor ante la sociedad, sentir que yo también puedo, que tengo esa oportunidad, ya que está en mis manos poder hacerlo. No digo que me es fácil, porque a esta edad nada es fácil. En mi cabeza me cuesta mucho, me da trabajo. Pero desde que llego acá, trabajo y estudio, y llego a mi casa y continúo, no me quedo. Y así cada día", contó sobre su obstinación y ganas aplicadas a la escuela, con sus 47 años.
Fanny es del barrio. Como a cada uno de los alumnos que le resulta complicado cursar, a una edad con muchas otras obligaciones laborales o familiares, es agradecida. "Nos ayudamos entre todos", dijo, y mencionó a sus compañeros, maestros, y directivos, y también al personal docente del centro comunitario Nº 15 que funciona en calle Miguel de Azcuénaga, donde completó la Primaria, especialmente a su director Carlos Carrizo. "La escuela te permite conocer nuevas personas, compañeros, tener un nuevo círculo de amistad, como con mi amiga María", al señalar a quien tenía a su lado.
Justamente con María Mansilla (39 años) cursa el 3º Año –último en la modalidad–, próxima a recibirse de bachiller con Orientación en Economía.
"Es mi tercer año. Mi marido estudiaba acá, y habíamos acordado que cuando él terminara, seguía yo, porque tengo tres hijos, y se nos hacía imposible a los dos juntos. Entonces nos tomamos el tiempo: cuando el estudiaba, yo me quedaba con los chicos", contó María, oriunda de Rosario del Tala, que vive en la capital provincial desde hace 15 años. "Lo conocí a él y me quedé", dijo.
Sobre la importancia y el impacto que nota, le va generando retomar los estudios, sostuvo: "Cambian muchas cosas desde que volvés a estudiar; es como que te abre la mente, a nuevas cosas. Y aprendes mucho, por más que uno rezonga por tener que estar; se aprende y mucho".
¿Qué podés transmitir a las personas que todavía no dieron el paso de volver, que están adeudando primaria o o secundaria?, le preguntó UNO. "Que con un poco de voluntad, se puede, porque es difícil a diario, re- difícil. Llegar y estar; mi bebé tenía tres meses cuando yo empecé; y hoy tiene tres años, y es difícil", se emocionó al contar, y añadió: "Pero hay día a día, apoyo que es necesario, para poder salir adelante, de todos: de la familia, de los profesores. Y la información que nos entra en la cabeza es muy buena".
Tanto ha internalizado y comprendido la importancia de la educación como factor de progreso individual, que imagina avanzar en nuevas metas, en otro nivel. "Me gustaría seguir estudiando. Todavía no me he decidido, pero quiero el día de mañana tener un trabajo menos pesado, porque no me quejo de lo que hago, pero es muy pesado para la edad que ya tengo. Quiero algo que me de una salida laboral tranquila, porque trabajo de limpieza, y hay días que no me puedo mover, y tengo que ir igual. Entonces el día de mañana quiero tener un trabajo que no me cueste, y por eso también estudio, para salir adelante".

Buena decisión
La historia de Ian Ellenberger es algo distinta, porque tiene apenas 19 años. A su corta edad, a poco tiempo de su experiencia en la escuela secundaria, comprendió que dejar los estudios no es una buena decisión. Más bien todo lo contrario.
"Yo quiero terminar el año, porque repetí tres veces. Estaba en la Escuela Nº 14 Paracao. Trabajo por la mañana y quiero terminar los estudios, para poder el día de mañana seguir y tener un futuro mejor", reflexionó.
En cuanto a su trayectoria educativa previa a la llegada a la Escuela Supremo Entrerriano, dijo que por razones de trabajo, le costaba ir a la mañana a la escuela. Por eso su postergación: "Trabajaba, entonces faltaba y eso me dejaba atrasado. Entonces ingresé a la nocturna para poder terminar", explicó.
Entre el grupo de la secundaria, y el que integra en la nocturna, dijo: "Hay diferencias muy grandes. Acá te ayudan más, tenemos más comunicación. Acá como son todos más grandes, hay más respeto entre todos. Y si nos respetamos más, nos ayudamos".
¿Qué le podés decir a chicos como vos, que han dejado la escuela?, le preguntó UNO. "Hay muchos que dejan y no la quieren seguir, por no pensar un poco más. Porque si vos terminás la escuela, tenés un trabajo asegurado, y si no la terminás, no tenés trabajo, no vas a conseguir trabajo en ningún lado el día de mañana. Es así", sostuvo.
Su convicción es tan firme, que sabe qué seguirá estudiando tras recibirse este año. Y ya tiene decidido el oficio: mecánico de aviones. "Esa fue su idea desde el principio", acotó a UNO la secretaria de la institución educativa, Daniel Oroño, a cargo de la dirección.
"Quiero irme a la base de Buenos Aires y terminar ahí. Y es algo posible; trabajo actualmente como mecánico de autos, y quiero avanzar", mencionó.


Inscripciones abiertas hasta fin de mes

La escuela Nº 155 Supremo Entrerriano cuenta con una matrícula de alrededor de 250 alumnos. Es una cantidad relevante, teniendo en cuenta que para ello, los jóvenes y adultos se distribuyeron en distintas divisiones, en cada año: hay tres 1º Año, cuatro 2º Año, y tres 3º Año. Funciona en el horario de 18 a 21.30. En el lugar, y a la misma hora, también desarrolla sus actividades la escuela primaria nocturna homónima.
Daniela Oroño, secretaria a cargo de la dirección de la escuela, indicó que al establecimiento concurren personas de la zona sur, y también de barrios más alejados, del Kilómetro 5 ½, de la Base Aérea y hasta de Bajada Grande.
"Hasta fines de marzo seguimos recibiendo inscripciones. En nuestra modalidad –bachilleres para adultos– se amplía el plazo para anotarse porque pueden haber comenzado algunos chicos en otras escuelas, y como no les resultó lo que les parecía, vienen con un pase. Generalmente la inscripción se hace desde el mes de octubre del año anterior, pero en nuestra modalidad tenemos una realidad que muchos chicos que salen mal en la secundaria, terminan de rendir y empiezan a buscar otras alternativas. El requisito en la nocturna es ser mayor de 18 años", contó Oroño.
Sobre la población estudiantil que asiste a la Supremo Entrerriano, narró que va desde los 18 años y hasta más de 60 años. "Tenemos en 1º Año un alumno de 66 años. Por eso, al armar las divisiones, tratamos de contemplar todas las situaciones, y ver que los adultos se sientan cómodos", y al plantear lo significativo del compartir ideas y experiencias entre jóvenes y adultos, destacó precisamente la relevancia de la figura de las personas mayores: "Generalmente los adultos nos ayudan mucho con los jóvenes. Se hacen referentes y guían a los chicos. Cuando son chicos de 18 años, en los primeros años tal vez los agrupamos por la misma realidad, porque tienen las mismas vivencias, hasta que vayan entendiendo nuestra modalidad", fundamentó.
Acerca de las problemáticas y realidades complejas que atraviesan a estas instituciones, contó por ejemplo la presencia de mamás de 18 y 19 años, con chicos, que esperan se pueda concretar un jardín lúdico expresivo.
"Hubo una presentación y un amparo, todavía no se ha resuelto este tema, que es elemental y se ha peleado mucho porque en nuestra población tenemos muchas mamás, algunas con la suerte que el papá se puede quedar a cuidar a los chicos. Pero tenemos muchos chicos que vienen con sus nenes a la escuela", señaló.
Por otra parte, consultada acerca de la invisibilidad del colectivo estudiantil nocturno, al no estar contemplados en el boleto estudiantil, contó que hay charlas con concejales, para tratar su instrumentación.
"Tenemos distintas problemáticas, desde papás separados, hay mucha contención de los profesores, de la asesora pedagógica, preceptores, directivos. Tenemos mamás separadas, que tratan de organizarse con sus chicos para venir a la escuela y buscar otra salida laboral, y ser ejemplo. Y muchas veces viene la mamá viene con el hijo, que ya repitió dos años", reseñó sobre algunas de las historias que se viven y comparten a diario.
Y en función de trabajar también sobre la construcción del futuro personal, la institución construye redes de integración con universidades, participa de muestras, pero también realiza orientación vocacional.
Al respecto, la asesora pedagógica de la institución Débora Espinosa, contó: "Nosotros vamos tratando de abrir un abanico de posibilidades. Nos encontramos en ocasiones, que nos dicen yo quiero terminar acá y listo; nuestra respuesta es que igual hacemos orientación vocacional. Porque siempre sale algo, y muchos siguen o se van con una idea que pueden ir pensando; pero fundamentalmente apoyamos mucho eso, y somos conscientes que son personas que necesitan eso, no importa la edad. Muchos luego siguen una carrera, y si no, se anotan en talleres o cursos", narró.

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