Ambiente
Domingo 30 de Abril de 2017

Buena onda de una comunidad para combatir la basura de raíz

Descubriendo Entre Ríos. Jóvenes cooperativistas y obreros municipales de Gualeguaychú encaran un desafío que hará historia, para que la disposición final de los voluminosos residuos urbanos deje de ser un problema y genere trabajo

Fuimos recibidos con algunas bromas, en un ambiente cálido, bien entrerriano, ánimo en alto y mate amargo. Y estábamos en un basural.
Las obreras y los obreros se dan la mano allí y se prenden de los proyectos, de las iniciativas comunes, se motivan mutuamente. Eso les ayuda a mitigar un oficio tan servicial como malmirado.
Los visitamos un rato y cosechamos varias enseñanzas que necesitamos contar, porque vienen desde "el abajo", es decir, el lugar donde las clases acomodadas suelen bajar línea, recetar soluciones, en vez de escuchar.
Son obreros y cooperativistas. Ellos mismos cultivando lazos de amistad y compañerismo ya de por sí estimulantes, pero más todavía cuando sabemos que de ese entusiasmo colectivo saldrán soluciones duraderas para todos los habitantes de su comunidad y más allá. Ver para creer.
No nos sorprende
Claro, en el sur entrerriano el Ecoparque es conocido, y también la cooperativa de trabajo Eco Gualeguaychú, pero nosotros ignorábamos detalles de esta evolución, de ahí nuestra admiración. Aunque no nos sorprende en una ciudad que durante años ha dado respuestas creativas a problemas comunitarios.
Sabemos de sus organizaciones intermedias, sus luchas ecologistas, sus encuentros para generar fuentes de trabajo sea con las cooperativas agropecuarias o de servicios, sea con el turismo o la industria.
Pero aquí no nos convocan el tambo, el arroz, los carnavales, el parque industrial o la asamblea ciudadana que enfrenta a las multinacionales. Lo que nos llama es un basural bautizado Ecoparque, donde la materia prima, lejos de ser los residuos acumulados por años, es la solidaridad y el entendimiento.
En el Ecoparque se respira el lema "naide más que naide", tan de los panzaverdes y orientales.

Del playón al camión
La semana pasada visitamos Gualeguaychú para conversar sobre el distanciamiento del humano y el resto de la naturaleza, invitados por estudiantes de la carrera Gestión Ambiental. Allí nos comentaron de la cooperativa que trabaja con los residuos urbanos en un predio municipal.
Ya en el Ecoparque, cerca del arroyo El Cura en la zona sur, dialogamos con miembros de la Cooperativa de trabajo Eco Gualeguaychú nacida hace tres años con cuarenta y un integrantes, y con empleados comunales con responsabilidades en el predio.
La basura llega en camión y tras un proceso de selección, separación, embolse, compactado, sale en pesados fardos de cartón de primera y segunda, plásticos varios, aluminio, lata, o va a los canteros que convertirán los residuos húmedos en compost. Todo incipiente pero prometedor.
Saber que hay vecinos que realizan esta tarea con actitud nos provoca un reconocimiento.
Pero claro, la buena onda se explica también por las promesas. De lo contrario no se entendería porque, a pocos metros, una montaña de residuos malolientes nos revela que Gualeguaychú, como tantas de nuestras ciudades, está en problemas. La diferencia radica en que allí se ensaya un alentador proyecto que se pondrá en práctica muy pronto y que los obreros cuentan con expectativas fundadas.
Todos colaboraron en estos meses, codo a codo, para que funcionen las máquinas, un tractor viejo, una cinta transportadora, un grupo electrógeno, en fin, y para que el trabajo sea digno con sanitarios, cocina, espacios limpios y amplios. También para modificar algunos hábitos de trabajo y evitar esfuerzos extremos o posiciones incómodas.
Y bien: esta organización participativa les da fuerza para encarar lo que viene. No hay personalismos ni dueños, aquí van todos a una, como en Fuenteovejuna, contra un mal común que es la basura.

¿Quiénes son?
Muchos de los cooperativistas y empleados municipales han venido del "cirujeo". Son cartoneros, albañiles, peones de campo, amas de casa, mamás solas. "Si hubiéramos sabido que venía el periodista nos hubiéramos maquillado", chancean algunas obreras entre risas.
Algunos se han capacitado con expertos, otros son estudiantes de nivel terciario. Hace pocos meses renovaron la comisión directiva de la cooperativa, y tratan de funcionar como tal, con los libros al día.
Al tiempo que cumplen las horas de trabajo separando residuos, llenando los bolsones; sentados en una rueda amena para martillar los desodorantes y quitarles las tapas plásticas y descolar etiquetas de los envases, o colocados de a pares para el compactado y tantos otros oficios que sería largo contar; además de todo eso, resuelven los temas de la entidad solidaria y algunos aprovechan los materiales reciclados de distintos modos, es decir, se dan maña para todo. Formaron en Pueblo Belgrano un barrio ecológico, por caso, con vida comunitaria, donde construyen sus casas con botellas o adobe y techos vivos, y se proponen un plan de alimentación energética con pantallas solares y el cultivo de alimentos en sus propias huertas.
Otros realizan artesanías con metales, maderas, fibras, plásticos, acero, y quieren capacitarse y enseñar esos aprovechamientos útiles. Además imaginan una salida laboral en el trabajo con el nylon, y proyectan el uso de residuos para el biogás.

La clave
La noticia es lo que se viene. Con la participación de diversas instituciones locales, Gualeguaychú se dispone a separar los residuos en casa, con esta certeza: la basura se origina en la mezcla, de lo contrario, no hay basura. Una botella es una botella, una lata una lata, un puñado de cáscaras de papa es eso nomás.
La montaña de desperdicios que hiere la vista en el Ecoparque, por años de no encontrarle la vuelta, muestra una serie de mejoras ya en el tratamiento para impedir que los fluidos contaminen las napas. Así es que se reconocen etapas en la historia reciente de la atención de los residuos.
Pero los obreros no se engañan: de seguir en el sistema actual será imposible reciclar y tratar todos esos residuos, que además en Gualeguaychú se duplican en tiempos de carnavales.
No hay voluntarismo que aguante. La única solución, dada la magnitud del problema, es la conciencia de toda la comunidad para separar en origen, y con un plan que no deje fisuras, donde la cooperativa y el municipio coordinen las tareas.
Claro: separar en serio, siempre, y todos. No unos días para la foto, como ha ocurrido en otras ciudades.
Esa es la decisión consensuada en la ciudad y que mostrará los frutos en breve. Si unos pocos fallan, tropezará el sistema. De ahí que consideren fundamental el protagonismo de una variedad de instituciones, establecimientos educativos, medios masivos, al tiempo que subrayan la necesidad de que se trate de una política comunitaria, es decir, que no se partidice, que nadie pretenda sacar ventajas de tipo electoral, por caso, sea en el oficialismo como en la oposición.
El ambiente solidario que se palpa en el Ecoparque nos anticipa un final feliz.
Allí saben que si el problema no es atacado de manera integral, con la infraestuctura, las máquinas, los procedimientos, los tiempos aceitados, todo al día, una frustración será difícil de remontar. Por eso están afinando detalles. Lo conversamos con una docena de obreros y cooperativistas y las coincidencias fueron plenas.

Separaciòn en origen: una bisagra
Los trabajadores piensan que del total/total de residuos se recicla menos del cinco por ciento, pero si se consideran volúmenes provenientes de una primera selección el aprovechamiento oscila en el 30 y el 40 %.
Ante nuestros ojos cargaban un camión con 27 toneladas de distintos materiales prensados en fardos.
En un mes se obtienen unos 45 mil kilos de materiales reciclados, y más si se consideran otros como el vidrio.
Pero muchos camiones que recogen las bolsitas en la ciudad vuelcan en el predio, en crudo, porque la planta no da abasto.
De ahí la necesidad imperiosa de encarar la separación en origen. Los trabajadores ya conocen el procedimiento que implementarán para no dejar flancos débiles, y cuentan con la compañía de diversas instituciones. Todas las familias estarán avisadas y harán carne el emprendimiento.
Conciencia, difusión de los beneficios, pero también algunas obras en la planta, y máquinas adecuadas como una chipeadora para achicar ramas y hojas que taparán los residuos orgánicos... Una trafic, un trencito urbano... Los trabajadores admiten que hay sintonía entre los distintos actores aunque los procedimientos del estado suelen ser más lerdos que su entusiasmo.
La comunidad de Gualeguaychú quiere tomar el toro por las astas. Esperamos que le vaya bien, por ellos y para que el procedimiento se replique en toda la región. En Paraná y el gran Paraná miraremos sin dudas a nuestros hermanos del sur, cuando la separación en origen sea una realidad. Hoy los basurales, minibasurales y arroyos ultracontaminados nos están reclamando atención.
Las mujeres y hombres del Ecoparque, gente sencilla y consciente, sentirán en su corazón que cada cual puso una energía adicional para que esa buena onda se contagie. Habrá ganado la comunidad y quizá no imaginen ellas y ellos hasta dónde puede soplar esa brisa ecológica, obrera, solidaria.

Impulso en la región de Cuyo

Poco más de 15 de toneladas de material reciclable, la mayoría envases descartables y papeles, fueron recolectados en la Universidad Nacional de Cuyo durante el primer año del programa `UNCuyo Separa sus Residuos´, que junto al cuidado del medioambiente busca generar trabajo y contribuir a la economía de varias cooperativas de Mendoza.
El coordinador del Centro de Información y Comunicación de la UNCuyo, Mauricio González, destacó la importancia que tiene para la universidad la implementación del proyecto de separación "no solo para generar conciencia entre el alumnado sino para que la idea pueda fortalecerse llevándola al resto de la provincia a través de los distintos municipios y barrios".
Desde hace un año, el proyecto apunta a realizar un tratamiento integral de los residuos que los alumnos y docentes producen en la universidad por medio de la separación, clasificación y posterior reciclado de dos sectores diferenciados: envases y papel.
`UNCuyo Separa Sus Residuos´ se implementa desde el Programa de Residuos del Instituto de Ciencias Ambientales y las distintas unidades académicas del Campus.
En el primer año se recuperaron 15 toneladas de material reciclable: tres de la categoría `Envases´ y doce de la categoría `Papel´, para lo cual se pusieron en marcha 115 Islas Internas, 648 Islas de Oficina, 50 Islas Externas y 12 Plataformas de Contenedores. En 2016 se realizaron 17 charlas ante 1.800 estudiantes, cinco talleres con colegios de la UNCuyo y otros tantos con el personal de Mantenimiento y Servicios; además de entregar 2.000 premios con diferentes juegos y concursos, una veintena de acciones en la comunidad y treinta Promotores Ambientales que multiplicaron el mensaje. Un sistema que no funcionaría sin el trabajo diario del personal de Mantenimiento y Servicios, los estudiantes, los docentes, el Personal de Apoyo Académico y las autoridades.
Junto a la tarea de selección y recolección, el proyecto impacta en la economía social de Mendoza dado que se compraron 82.000 bolsas confeccionadas por la Cooperativa La Rañatela, donde trabajan jóvenes con capacidades diferentes; mientras la Cooperativa de Recuperadores llenó 81 camiones con material recuperado, lo que le permitió duplicar la cantidad de asociados, de 20 a 40. Por otro lado, se contrató a la empresa especializada Reciclarg, que se llevó diez toneladas de residuos electrónicos. Otro logro de la campaña fue obtener la primera mención en la categoría `Comunicación Institucional y Responsabilidad Social´ de los premios `Obrar´ del Consejo Publicitario Argentino.
"Es responsabilidad de la universidad liderar estos proyectos, ya que desde el punto de vista comunicacional nos convertimos en un ejemplo para que esto se transforme en una cultura y que además de cuidar el ambiente se pueda generar trabajo y contribuir a la economía", explicó Gónzalez. Durante los recientes festejos por el primer año del proyecto, se impulsaron actividades como la `Expo Sostenible´, que presentó experiencias sustentables impulsadas en dependencias de la casa de estudios para mostrar que hay caminos alternativos que cuidan el ambiente, generan trabajo y contribuyen a la economía.
"Nos sumamos a esta iniciativa porque compartimos diversas actividades en conjunto, entre ellas el programa `Ponete en Movimiento´ que no sólo fomenta la salud individual sino que contempla también el aspecto colectivo para mejorar los hábitos y las relaciones que forjamos", dijo Erica Laveguerie, de la secretaría de Bienestar Universitario, que adhirió a la iniciativa. Federico Pereyra, del Departamento de Aplicación Docente (DAD), explicó que el proyecto "El DAD hace un buen papel" consiste en el reciclado y reutilizado de residuos sólidos orgánicos mediante su separación en tres tipos de tachos (azul, amarillo y negro) para concientizar sobre la importancia del reciclaje y recuperación.
Participaron de la `Expo Sostenible´ los integrantes del Programa de Salud Integral (secretaría de Bienestar), del área de Articulación Social e Inclusión Educativa, COREME, Reciclarg y el Almacén Andante.

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