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Lunes 18 de Enero de 2016

A un año de la muerte de Nisman, el caso aún está lejos de resolverse

Han pasado 12 meses del deceso del funcionario judicial que estaba por denunciar a Cristina Kirchner. En la investigación no se pudo determinar si se trató de un homicidio, como asegura toda su familia, o fue un suicidio

Buenos Aires.— A un año de la muerte de Alberto Nisman, el fiscal a cargo de la causa AMIA, el fantasma de la impunidad sobrevuela las instituciones argentinas, que aún no pudieron responder a los más mínimos interrogantes de su cruento deceso, en extrañas circunstancias y luego de haber denunciado a la entonces presidenta Cristina Fernández por supuesto encubrimiento a Irán en el atentado de 1994.
Nisman fue hallado muerto de un tiro en la cabeza dentro del baño de su departamento en edificio Le Parc, de Puerto Madero. Aún no se sabe si falleció el domingo 18 de enero a la mañana, como afirma el Cuerpo Médico Forense, o el sábado 17, como sostiene la querella que impulsa, en nombre de sus hijas, la exesposa del fiscal, la jueza federal Sandra Arroyo Salgado.
Fue tal el grado de contaminación en la escena del suceso que tampoco se puede confiar en las pericias que se llevaron adelante en la causa para intentar dilucidar el caso: cuando se descubrió el cuerpo más de 30 personas desfilaron por el departamento, entre ellos el entonces secretario de Seguridad Sergio Berni, tras la tardía convocatoria a la madre del fiscal, Sara Garfunkel, para que ingresara con un cerrajero al departamento, donde solo se encontró ADN de Nisman.
Una filmación de levantamiento de rastros fue editada al momento de llegar al arma homicida: una pistola Bersa calibre 22 que curiosamente no dejó rastros de pólvora en las manos de Nisman, pese a que ese tipo de armamentos habitualmente lo deja. El video muestra un pelo negro en el baño a centímetros del casquillo de bala pero esa prueba no se recolectó, con lo que se perdió la posibilidad de saber si hubo otra persona en el baño, sostienen los querellantes. Tampoco había huellas en la casa o en el arma del técnico informático Diego Lagormasino, quien le prestó la pistola a Nisman el sábado 17 y quien resultó un personaje sobre el cual apuntar.
Lagormasino está imputado en la causa, aunque nunca fue llamado a indagatoria. Estas son apenas algunas gotas en el mar de irregularidades que tuvo la investigación realizada por la fiscal Viviana Fein, quien nunca firmó el prometido dictamen en donde se iba a pronunciar –después de las elecciones presidenciales– sobre si la muerte de Nisman fue un asesinato, un suicidio o una muerte inducida.
Fein perdió el control de la causa. Tras un enfrentamiento abierto con la querellante Arroyo Salgado, la jueza de instrucción Fabiana Palmaghini resolvió en diciembre hacerse cargo de la investigación, algo que ya se le había pedido varias veces y a lo que se había negado.
La muerte de Nisman sucedió justo cuatro días después de haber denunciado a la entonces presidenta por “encubrir” a Irán en la responsabilidad del atentado que el 18 de julio de 1994 mató a 85 personas y dejó a una sociedad aterrorizada. Para Nisman, el Memorándum con Irán, que el entonces canciller Héctor Timerman por orden de Cristina Fernández firmó con ese país fue una forma de impunidad para que los iraníes sospechados de haber organizado la masacre quedaran exentos de las circulares rojas de Interpol.

Idas y vueltas en la causa
La entonces presidenta Cristina Fernández fue y vino con la caracterización del hecho, alternando entre hipótesis de suicidio y de asesinato. Por cadena nacional, el 26 de enero de 2015 afirmó que a Nisman lo habían matado para perjudicar a su gobierno, después de haber presentado una denuncia escrita por otros a los que supuestamente obedecía y en medio de una campaña de desprestigio en donde se veía al fiscal en fotos indecorosas.
Tras esa muerte, Cristina descabezó la SIDE, creó la AFI y convirtió en un archienemigo de la Argentina el espía Antonio Jaime Stiusso, quien había sido funcional al gobierno durante la mayoría de los años kirchneristas.
La denuncia de Nisman quedó en la nada: el juez Daniel Rafecas cerró la causa sin siquiera abrirla a investigación al considerar que fue una “alarmante” y “temeraria” acusación contra la jefa de Estado.  La Sala I de la Cámara Federal (que en 2014 había considerado inconstitucional el Memorándum con Irán) ratificó ese fallo. Un fiscal frustró luego nuevas apelaciones pero se activó un dominó interminable de jueces y fiscales colocados y removidos.

Las expectativas sobre el futuro procesal de Diego Lagomarsino
Fuentes de la investigación judicial cercanas a la querella de la causa Nisman, hicieron saber que se van a pedir nuevas pruebas. El 27 de diciembre de 2015, la querella planteó 40 nuevas medidas en un escrito. 
La jueza Viviana Palmaghini ya había pedido otras 49 medidas al asumir la causa, “más de la mitad de ellas requeridas por la querella y negadas por Fein”, dice otra voz de peso en el expediente. En Tribunales, los rumores crecen sobre un posible pedido de indagatoria para Diego Lagomarsino que Palmaghini estaría evaluando, un rumor que no genera sorpresas en el entorno más directo del técnico informático. 
Sería un notable giro para el único imputado hasta ahora en la causa y el encargado de darle a Nisman la pistola Bersa Thunder que le quitó la vida, La coartada de Lagomarsino es sólida: hay evidencia que lo aleja de la autoría material del crimen. Pero aquí, la ex-SIDE y las sospechas de encubrimiento son el eje de la situación.
Para Manuel Romero Victorica, abogado de la querella en representación de las hijas del fiscal Nisman, el nuevo mando de la jueza en la causa es un signo esperanzador. Se trata, para el letrado, de conformar las piezas de un puzzle ignorado: “Las medidas son muy importantes. Van a nuestra principal crítica, a la investigación de la doctora Fein, que fue descontextualizar el caso. Ella no investigó al contexto de su muerte. Parece haber investigado solo a Nisman. Se partió de una hipótesis preconcebida de que se suicidó, y esto es todo lo contrario”, alertó.

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