A Fondo
Jueves 19 de Febrero de 2015

A la sombra de las novelas rosa

Luciana Actis / De la Redacción de UNO
lactis@uno.com.ar

 

 

Cada año, por el Día de los Enamorados se desatan por doquier cataratas de molestas frases cursis y, como contraparte, tsunamis de igualmente irritantes manifestaciones de repudio hacia la cursilería ajena.


Pero este 2015 –por primera vez en años– un fenómeno igualmente molesto pero más desconcertante opacó a la glucosa generalizada y colmó la paciencia de televidentes y usuarios de Facebook, Twitter y demás yerbas: el debut cinematográfico de 50 Sombras de Grey.


El estreno mundial se realizó en la Berlinale a pocas horas de su desembarco en todo el planeta: Universal Studios apostó por la fecha más cercana al día de San Valentín. Si de la trilogía de la escritora E. L. James se han vendido más de 100 millones de ejemplares, hubo 4,5 millones de entradas anticipadas adquiridas –en su mayoría, por mujeres– antes del estreno mundial.


Aclaro que no leí el libro, y dudo que lo vaya a hacer. Vi los trailers y leí referencias de críticos de cine; me bastó para inferir que la película es una lavada adaptación de un manual de sadomasoquismo para amas de casa cuya ruptura con la rutina consiste en hornear un lemmon pie.


En la historia, una joven ingenua recibe su instrucción sexual de manos de un seductor. Él avanza, ella retrocede, hasta que tienen sexo. El chiste es que él quiere dominarla en todos los aspectos. ¿Podrá..? Pronto lo sabremos. Puntos suspensivos.


El final se adivina sin leer siquiera el primer capítulo; es la archivendida  fórmula de La Bella y la Bestia, nada más que esta vez pasaron por el sex shop. La sumisa que se deja dar de latigazos en la cama para domar a la fiera con su ternura, y finalmente, enamorarlo para siempre. Qué romántico, el multimillonario pervertido y la joven cándida. Romance con toques de sexo descafeinado.


De acuerdo con psicólogos, el interés hacia la historia se centra más que nada en el aspecto sexual mismo. Tal como en la Edad Media lo despertó El Decameron de Boccaccio, y más adelante el Marqués de Sade con sus escritos. El sexo siempre ha sido un tema en el que las mujeres no se sienten cómodas por cuestiones socioculturales, mientras que los hombres tienen menos restricciones, incluso a la hora de acceder a la pornografía. Por eso, un toque de romance hace que ellas se sientan menos juzgadas a la hora de comprar textos rebosantes de lujuria.


De todas maneras, prefiero leer a Corín Tellado y reírme un rato. Al menos, la española no tenía pretensiones de pseudoexploraciones por el lado oscuro del corazón humano. Vendía novelas rosa sin intenciones de mezclarlas con escalas de grises.

 

 

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