A Fondo
Jueves 15 de Enero de 2015

A casi 20 años del voto cuota

Vanesa Erbes / De la Redacción de UNO
verbes@uno.com.ar

 


El 2014 fue un año con saldo negativo para el sector comercial: un informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) reveló que las ventas minoristas cayeron un 6,5% durante el año pasado, y esta cifra duplica la retracción que se registró en 2013, que alcanzó al 3,8%.


A su vez, el organismo señaló que a partir de setiembre el consumo se vio “algo reanimado con el programa Ahora 12, que fue una buena posibilidad para que las pymes captaran el público que se orientaba a comprar en cuotas en los grandes comercios”.


Este programa está vigente hasta el 1° de marzo y permite la compra en 12 cuotas fijas sin interés de productos de diversos rubros.


En este marco, el envión consumista se impulsa a través de la financiación. Un grueso de las operaciones comerciales sientan sus bases sin liquidez y esto puede tener graves consecuencias, sobre todo para los trabajadores que se someten a un sistema similar a la ruedita de un hamster, donde a pesar de los esfuerzos no se logra progresar.


Se estima que con salarios que crecen por debajo de la inflación, cada familia debe en promedio alrededor de dos meses de sus ingresos por compromisos asumidos a través de préstamos personales y tarjetas.


Una situación similar se generó en la década del 90. Y el voto cuota fue uno de los motivos que inclinaron la balanza a favor de la reelección de Carlos Saúl Menem, hace casi 20 años atrás.


El 14 de mayo de 1995 se difinió en las urnas que el riojano gobierne por cuatro años más el país, sin necesidad de balotaje.


Cuando asumió su primer mandato, en 1989, el desempleo era del 6,8%, A partir de 1992 trepó a casi el 15% y adquirió carácter estructural y se prolongó por varios años. El problema de la desocupación y el incremento de la pobreza fueron consecuencia del modelo neoliberal instaurado a lo largo de los 90, luego de la crisis y el agotamiento del Estado de Bienestar.


A su vez, en este marco precarizaron de manera inusitada los derechos de los trabajadores, a través de las diversas reformas laborales que se instauraron en la década del 90.


Cuando Menem lanzó su candidatura, basó parte de su campaña electoral en un argumento que pudo resultar convincente para un electorado atemorizado y en cuya memoria residía el caos hiperinflacionario suscitado durante el período precedente, en el que gobernó Raúl Alfonsín.


Entre otras cosas, prometió la creación de 350.000 puestos de trabajo, pero no pudo resolver la situación de quienes perdieron sus fuentes de trabajo tras las privatizaciones.


Pero a su vez, Menem había instalado la lógica del consumo de mercancías al alcance de todos a través de las posibilidades crediticias y la financiación.


A casi 20 años de la reelección de Menem, es bueno tener memoria y recordar que muchas voces denunciaban el endeudamiento en que se estaba sumiendo a la Argentina y la desdicha en la que caían quienes perdían la posibilidad de ganarse su sustento o el desaliento de aquellas personas que debían aceptar la precarización o la inserción laboral informal e inestable, sin poder establecer un proyecto de vida concreto a causa de la condición de vulnerabilidad en la que se hallaban.


Sin embargo el consumo, esa “droga” que se nos suministra para entumecer nuestro sentido crítico y adormecer las subjetividades”, muchas veces hace más fuerte la preferencia de seguir instalados en una situación que nos evade de la lucha por condiciones de vida más dignas, y nos permite escabullirnos del sacrificio y los compromisos sociales y políticos que exceden a la comodidad de sumergirse en las góndolas donde se nos vende ilusión en cómodas cuotas.

 

 

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