A Fondo
Jueves 14 de Abril de 2016

168 blues

Paula Eder/ De la Redacción de UNO
peder@uno.com.ar

José hace más de 30 años que es chofer de colectivos y dice que dentro de poco se va a jubilar. Cada tanto pregunta a quien esté sentado en el primer asiento “¿y, cómo la ves?”, para empezar a conversar, pero hace un tiempo ya que le responden con un suspiro profundo, es la incertidumbre. Los usuarios del transporte interurbano Santa Fe - Paraná, casi en su totalidad son estudiantes o trabajadores, para nada ajenos a la realidad que nos toca atravesar.
La semana pasada a la mitad del camino José me contó, preocupado, que a su hija le falta muy poco para recibirse, pero está pensando en dejar algunas materias para trabajar y ayudar en su casa. A pesar del aumento del 44% del boleto, los choferes del transporte interurbano tienen el sueldo (que apenas pasa los 11.000 pesos) congelado desde el año pasado y “de las paritarias, hasta ahora ni noticias”, dice él, un poco resignado. “Si tengo que buscar otro trabajo, vender tortas, lo voy a hacer, pero ella se va a recibir. No va a dejar de estudiar. ¡De nin-gu-na manera!” dijo, y dio un golpe seco en el volante, materializando ese punto y aparte, que es también una forma de decirle al destino que esta vez no se lo va a llevar puesto.

Y es imposible no ligar esa realidad con la de muchas familias. Los estudiantes de las universidades públicas, en su gran mayoría, son primera generación de universitarios; es decir, vienen de hogares cuyos integrantes nunca pisaron una universidad. Solo en la Uader en 2015, el 70% de los egresados de esa Casa fue primera generación de profesionales.

Los que hoy llenan las aulas de las universidades son los hijos de los laburantes como José, que si no estuvieron desocupados, en los 90 la pasaron muy mal, y que apenas pudieron sacar la cabeza del agua mandaron a sus hijos a estudiar, para que la próxima crisis ellos los agarre mejor parados, “para que sean mejor que uno”, define.

Hasta ahora estos datos permitían soñar con cierto horizonte de movilidad social ascendente. Sin embargo, el recorte de la inversión pública, la inflación y el incremento de tarifas, generan dudas respecto de la posibilidad de construir una sociedad más justa e igualitaria a través del acceso a la educación superior.

“¿Qué es esto de que haya universidades por todos lados, ¡basta de esta locura!” decía el entonces candidato a presidente Mauricio Macri, seguramente ignorando por completo la implicancia de acercar la universidad a estudiantes que carecen de recursos para mudarse a las grandes ciudades para desarrollar sus carreras académicas. Solo resta esperar que tengan un plan y esa “batería de medidas para favorecer a los que menos tienen” que a cuatro meses de asumir el mandato, todavía no llega.

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