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Miércoles 06 de Enero de 2016

12 cosas que aprendió de la Argentina un corresponsal de la BBC

Una imperdible visión de nuestro país y su gente desde los ojos de un extranjero. 

El periodista y corresponsal de la BBC Ignacio de los Reyes, decidió ponerle fin a su estadía en Argentina y compartir su experiencia de casi tres años recorriendo el extenso territorio local. 

En su columna, Reyes hizo un listado sobre algunas cosas que puede aprender un profesional extranjero en tierra argenta.

▶ La música de las calles
El tango es patrimonio nacional, pero la verdadera música que reina en la calle argentina es la cumbia.

▶ La grieta en todos los aspectos
El mundo se divide entre Boca y River, entre Charly y Gustavo, entre Macri y Cristina, entre el interior y la capital, entre los que dicen "publicidad" y los que dicen "propaganda", entre el periodista Jorge Lanata y el programa kirchnerista 6,7,8, entre las rochas y las chetas, entre las divas televisivas Mirtha Legrand y Susana Giménez.

▶ Argentinos, desmedidos y terminantes
En Argentina, el fin del mundo siempre parece a la vuelta de la esquina, pero rara vez suele llegar.
Tan acostumbrados están los argentinos a vivir al borde del precipicio que han inventado un arte, el del "atado con alambre", que ha vuelto a este país creativo e ingenioso, sobreviviente y con una capacidad infinita de adaptarse a la montaña rusa que es este fascinante lugar.

▶ El vertiginoso ritmo político
Lo que hoy es seguro puede cambiar radicalmente al día siguiente. Y esa es una lección que aprendió a golpes este periodista, que se equivocó muchas veces y al que le costó entender que muchas cosas no son lo que parecen y que muchas otras necesitan buena dosis de perspectiva y contexto.
El político que parece un líder indiscutible en enero puede no ser nadie el diciembre. Y viceversa.

▶ El chori como respuesta a todo
El choripán no es un pan con chorizo. Es un ícono pop y un símbolo político. Más allá de eso, en Argentina siempre hay que darle un aplauso al asador.

▶ Brasil decime que se siente

▶ Humildes, amables y familiares
El argentino es humilde, amable y familiar, reparte abrazos y dice te quiero a menudo. Se interesa por saber más de quien viene de fuera.
Son mujeres y hombres para los que el asado del domingo es sagrado, que golpean cacerolas para protestar y para celebrar, que han hecho un arte de la costumbre de hacer fila y esperar, para los que la amistad está por encima de todo.
No importa que en realidad seas manchego y que nunca en tu vida hayas pisado Galicia. Si eres español, el argentino te llamará "gallego".

▶ El debate y la discusión, a la orden del día
La "interna". Una de esas palabras que todo periodista extranjero debe aprender para entender que detrás de cada historia hay un conflicto, una rivalidad, una tensión, a menudo entre grupos que buscan fines similares.
La interna peronista, la interna del sindicato, la interna de la asociación de víctimas… El reflejo de una sociedad que ama el debate y la discusión y una trampa para el que crea que en este país todo es como parece.

▶ Usos y costumbres
Cuando tienes una duda no pides que te la aclaren, preguntas "si puedes hacer una consulta".

▶ Chamuyando como los mejores
Llegas a Argentina y te causan gracias los chamuyos (el arte nacional del piropo), pero detestas el drama y el histeriqueo (ahora me gustas y después no, ahora que me buscas ya no te quiero).
Ahora te cansa el chamuyo, pero te has convertido en un dramático histérico y vivirás con esa divertida maldición por el resto de tu vida.

▶ Beso a beso
En la fila del mercado, besos. En el cine, besos. Y cuando te presentan a alguien nuevo... besos.

▶ "El argentino no es arrogante, es consciente de dónde vive"

Los argentinos tienen las cataratas de Iguazú y el glaciar Perito Moreno, los cerros del Norte y los picos de la Patagonia, los vinos de Mendoza y las ballenas del sur.
Los argentinos tienen el dulce de leche, la carne, la mano de Maradona, a Ricardo Darín y a Las Leonas, la noche de Palermo, Relatos Salvajes, Esperando la Carrozay las páginas de Borges.
El argentino no es arrogante, es sólo que es consciente (y perdón por el porteñismo que estoy a punto de soltar) de que vive, sin lugar a dudas, en uno de los mejores lugares del mundo.
 

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